Max Weber y las Ciencias Sociales. Diálogo con Francisco Gil Villegas

© Eduardo Olivares/Metapolítica
Max Weber y las Ciencias Sociales. 
Diálogo con Francisco Gil Villegas
Israel Covarrubias

[Entrevista publicada en Metapolítica, año 18, núm. 87, octubre-diciembre de 2014, pp. 62-81.]

Max Weber es una de las figuras centrales de la sociología moderna. Un clásico contemporáneo de mil batallas que deja constancia de su presencia en las aulas y las discusiones académicas. También en las direcciones de investigación de algunos de los principales campos de trabajo de las ciencias sociales contemporáneas. A pesar de la fría recepción que la sociología mexicana le dio por mucho tiempo a causa de querer establecer una suerte de relación “antagónica” entre Weber y Marx, tenemos una paradoja significativa: en México contamos con el trabajo de sus traductores al español que es la primera lengua distinta del alemán en la que se conoce en los años cuarenta del siglo pasado su obra más conocida: Economía y sociedad. Este gesto cultural único debe ser leído en un sentido diametralmente opuesto al de la fría recepción de Weber en México por lo menos hasta mediados de los años setenta del siglo pasado. Recientemente el Fondo de Cultura Económica ha publicado una nueva edición de Economía y sociedad, edición a cargo del Dr. Francisco Gil Villegas, profesor de El Colegio de México, y agudo conocedor de la obra del sociólogo alemán, aseveración que se refleja en sus múltiples textos que le ha dedicado desde hace más de treinta años a la obra y figura de Weber. Así pues, el “pretexto” de esta nueva edición de la obra weberiana nos ha servido como detonante para poder desarrollar un diálogo con uno de los más grandes estudiosos de Weber en español. 

Quisiera comenzar esta entrevista con una inquietud en torno a la figura de Max Weber, que involucra el campo de las ciencias del hombre y también a la sociología. Por un lado, quizá es posible sugerir y sostener la afirmación de que Weber es uno de los mayores exponentes de las ciencias del hombre del siglo XX, con lo cual ha ganado su lugar como clásico contemporáneo. Pero además, y en modo paradójico, sucumbe a la usura del tiempo, que casi por regla todo clásico padece, todo mundo habla de él, como si fuera un “estado de ánimo”, lo que no es simétrico o proporcional a su lectura atenta. Este dato lo ilustra, por ejemplo, la reciente edición donde usted funge como editor de Economía y sociedad, publicada por el Fondo de Cultura Económica (FCE) en 2014, pues como es sabido la edición precedente en español es de 1964. Es decir, hay cincuenta años de distancia entre una y otra. ¿Cuál es su reacción sobre esta “ambivalencia” de Weber cono figura intelectual y académica durante el siglo XX? 

Hay dos aspectos. Economía y sociedad nunca fue la obra más polémica de Max Weber. Desde 1935, Raymond Aron en La sociología alemana contemporánea dice que es la obra máxima de Max Weber, y agrega “y de toda la sociología”. Esa frase es de la cuarta de forros de ese libro de Aron, quien es en cierta forma el descubridor de Max Weber para Francia. Aunque se leía poco. Aron hace una excelente síntesis en los años sesenta, mucho mejor de la que está en La sociología alemana contemporánea, en su obra Las etapas del pensamiento sociológico, hace un desglose pormenorizado y sistematizado. Pero no es la obra más polémica de Weber. Entre otras cosas porque esta obra no tiene una tesis central, no es un libro, sino es una obra que ha sido editada y se ha editado de diversas maneras. 
El texto que sí ha sido polémico desde el principio, y que nunca ha dejado de discutirse, es La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Ahí es al revés, porque se considera que es una tesis simple, una tesis que establece una relación entre religión y capitalismo, entre protestantismo y capitalismo, que resulta prácticamente irresistible para los diferentes críticos decir “voy a refutar a Weber”, “no es cierto que el protestantismo sea la causa del capitalismo, hay ejemplos de capitalismo anteriores al surgimiento del protestantismo”. Entonces, eso se presta a una tesis que se simplifica, porque luego vienen otros que dicen “bueno, Weber no dice que el protestantismo sea la causa del capitalismo, hay que leerlo con más cuidado”. Si se lee con más cuidado, no vas a encontrar en ningún lado que Weber diga eso. 
Durante años eso se prestó también a muchas confusiones, porque no se sabía, ya que simplemente se ignoraba que Weber había respondido a sus primeros críticos. Eso no se tradujo al español, la respuesta más importante fue traducida hasta el 2003, y las cuatro respuestas que la complementan hasta 2011, es decir, hasta hace relativamente muy poco. Hay un especialista en Weber que se llama Wilhelm Hennis que decía que era un escándalo que no estuvieran esos textos traducidos antes del siglo XXI, a ningún idioma. Después, en el siglo XXI se tradujeron al inglés, al francés, al español, al italiano y al japonés. En el siglo XX, estos textos eran conocidos para algunos especialistas, una parte de la última respuesta a Rachfahl, se había publicado en una traducción en el American Journal of Sociology, en los años ochenta, y era todo. Esto lo menciono porque contribuyó a que se leyera esa tesis de otra manera y se pudiera encontrar que a lo largo de cien años nunca ha cesado el debate sobre eso, con nuevas aportaciones, nuevos enfoques. Y cuando parece ser que ya se está apagando el fuego del debate en un área, por ejemplo, en Francia, entonces surge en Escocia o en América Latina después, o a veces es entre economistas, a veces entre sociólogos, otras entre historiadores, pero también entre teólogos. Este es un aspecto. 
En cambio, Economía y sociedad no tiene una tesis central. Lo que yo hago en la “Introducción” es sugerir que todas las peculiaridades de una obra que no es una obra, ya que ni siquiera Weber consideraba que sería su obra principal, esa fue una decisión de su viuda, se incrustan en toda la polémica entre los especialistas alemanes en torno a la cuestión de la racionalización. Y eso es algo que José Luis Reyna resaltó en la presentación de esta obra,  que a pesar de que la obra no tiene, en efecto, un eje central, sino que son varios textos, por mi “Introducción” que sitúa este debate en Alemania, estoy presentando el tema de la racionalización en sus aspectos religiosos, burocráticos, de dominación, como una posible tesis central, y además ubica a Economía y sociedad no aisladamente, sino en el contexto de lo que Weber consideraba eran sus obras más importantes, que eran los tres volúmenes de ensayos de sociología de la religión. 

Se podría hablar tentativamente de dos “génesis” de esta obra de Max Weber, una interna y otra externa. Es decir, ¿cómo se ubica este trabajo frente al conjunto de la producción teórica de Weber, pues no deja de ser un trabajo fragmentario? Por otra parte, como génesis externa, y es el punto con el que inicia su “Introducción”, ¿en qué medida Economía y sociedad resulta ser el “gran libro” de sociología del siglo XX?

Creo que se le puede llamar “obra”, pues no es un libro. Esto es lo que ha dicho Wolfgang Schluchter. Porque el premio que ganó, con el que empiezo, el de la International Sociological Association, a fines de los noventa del siglo pasado, es que trataron de encontrar cuál era el libro de ciencias sociales más importante e influyente en el siglo XX. Hacen una encuesta, y en ella todos dicen que Economía y sociedad. Pero Schluchter va a decir que es curioso que ganó y no es la primera vez que ocurre ello, de ser considerado el libro más importante e influyente en ciencias sociales en el siglo XX, donde resulta que no es un libro, sino una obra fragmentaria. Aún así, quiere decir que en sus diversas ediciones, hay que entender que el texto fue traducido al inglés veinticuatro años después de su traducción al español, aunque la traducción al inglés estaba anunciada desde mucho tiempo antes, y habían aparecido fragmentos de Economía y sociedad; como sea, cualquier fragmento que haya aparecido en inglés o francés es posterior a la traducción en español de Medina Echavarría de 1944. Aparecieron en 1946 unos fragmentos de la sociología de la dominación en la compilación que hicieron Hans Gerth y Sir C. Wright Mills, From Max Weber. Essays in Sociology; ahí hay algo sobre la burocracia, sobre el patrimonialismo y el carisma. Luego, en 1948 apareció la traducción de Talcott Parsons de la primera parte de la edición antigua de Economía y sociedad ⎯lo cito porque es más fácil identificarlo ahí⎯, que corresponde a las primeras 250 páginas. 
      ¿Por qué cito esto? Para dar una idea de la dimensión, mi edición puede ser menos clara porque tiene mi “Introducción” al principio que son cien páginas y luego hay muchas notas. En cambio, la edición de Winckelmann con todo y sus defectos, y además no afecta esto la primera parte porque es igual en las tres ediciones, salvo la mía que está anotada y corregida. Parsons tradujo 250 páginas de cerca de 1000, o sea una cuarta parte, entonces no se puede comparar. Y bueno, lo que habían traducido Hans Gerth y Sir C. Wright Mills eran como unas 150 páginas de la sociología de la dominación y de algún otro lado. Aún así, no tenían nada de la sociología de la religión y de la sociología del derecho, esta última aparece en 1954, muy bien editada, de las mejores cosas que publicaron en inglés por Max Rheinstein. Después publicaron en 1964 la sociología de la religión de Economía y sociedad. Y aún así, con todo y que ya tenían prácticamente para 1964, en el momento en que aparece en español la segunda edición, en inglés todavía faltaban algunos textos. ¿Qué es lo que van a hacer Roth y Wittich en su edición de 1968 de Economía y sociedad? Juntan lo que falta, se aprovechan de la traducción que ya habían hecho estos distintos autores, tratan de unificar las cosas y publican originalmente en tres tomos una edición muy lujosa, en inglés; esta obra comienza a tener esa enorme importancia en el mundo de habla inglesa, cosa que en español se tenía desde hace mucho tiempo y citaban los conocedores en Estados Unidos y Alemania, o más bien los alemanes que estaban en Estados Unidos, citaban con reconocimiento y además como algo curioso que “los mexicanos si tradujeron Economía y sociedad completa”. Después veían que eran los españoles, más un jurista mexicano pero era una edición que estaba completa, y al principio no le encontraban grandes errores a ninguna de las dos ediciones. Es más, la edición de Winckelmann fue, con su sociología del Estado, con los fundamentos sociológicos y racionales de la música, muy bien vista, muy completa, entre otras cosas porque la edición inglesa de 1968 toma la decisión que tomo en la nueva edición en español: sacan la música, pues no forma parte de Economía y sociedad, no se entiende por qué finalmente Marianne aceptó meterlo en la segunda o tercera edición. Lo sacan y la sociología del Estado, con todo y que estaban en contacto con Winckelmann, quien ayuda mucho para la edición en inglés, le dicen: “no es correcto así”. Entonces, ¿qué deciden los editores estadounidenses? Publican íntegro el ensayo “Parlamento y gobierno en un nuevo ordenamiento alemán”, pero ya no es la sociología del Estado como tal. Es un escrito político de Weber no expurgado, y la crítica que se va a hacer después es que era un sesgo interpretativo, porque también hay que tomar en cuenta cómo va a terminar uno la edición de un texto inacabado. Dicen: escogieron uno de los textos políticos de Weber donde Weber defiende a la democracia; en Estados Unidos están diciendo que Economía y sociedad culmina con una defensa de la democracia. Esto es algo que se entiende en lo que fue el contexto posterior a la Segunda Guerra Mundial, pero no estaba previsto en la obra. También Winckelmann hace una sociología del Estado a modo. Después de la guerra quita lo que considera son juicios de valor, y está consciente que cuando él está haciendo en 1956 la cuarta edición alemana que reconstruye la sociología del Estado, tiene que tener mucho cuidado en usar el término Führer demokratik, la democracia del Führer, que quiere decir dirigente; en 1956 él esta diciendo que sobre esto hay que tener cuidado, cuando Alemania ya está pasando por un proceso de des-nazificación. Y en más de una ocasión elimina lo del Führer, aunque era un término técnico cuando Weber lo usó, pues Führer demokratik suena a una cosa en 1920 que en 1945 o en 1954.
Los alemanes lo resolvieron sacando en siete tomos la edición completa (Max Weber Gesamtausgabe) de Economía y sociedad, de los cuales han salido los primeros cinco tomos. 
      Por ejemplo, en alemán editaron para el 2009 un curso que dictó Max Weber en 1920 con el nombre de “Teoría general del Estado y política. Sociología del Estado”, que no es un texto acabado. Es lo que Weber iba a impartir en su último curso, del cual sólo da las dos primeras clases antes de morir, aunque dejó su temario, y se usan los temarios que les presentaron a los estudiantes, los apuntes y esbozos, con eso sacan un tomo. 
Como sea, en alguna reseña se podrá leer que en Alemania ya no existe algo que se llame Economía y sociedad. Las ediciones de estudio siguen publicándose. La edición de Winckelmann de 1978 sigue reeditándose. Pero en la Gesamtausgabe se conserva el título, Economía y sociedad, luego le ponen de subtítulo lo que algunos consideran era el verdadero título: La economía y los órdenes y poderes sociales. Legado
      Por ejemplo, en el tomo cuatro, Wirtschaft und Gesellschaft. Die Wirtschaft und die gesellschaftlichen Ordnungen und Mächte. Nachlass. Herrschaft (Economía y sociedad. La economía y los órdenes y poderes sociales. Legado. Dominación) editado por Edith Hanke, regresan a la edición original de Marianne Weber y al momento de terminar con “Estado y hierocracia”, se preguntan qué vamos a hacer con esta parte: que culmine con la sociología de la dominación es correcto, eso es una decisión de Marianne; que culmine en un escrito defendiendo la democracia, por muy loable y muy rescatable que sea la figura de Max Weber, ya es interpretativo. Es equivalente al haber escogido un texto de mala fe que defendiera algo autoritario y ponérselo ahí; entonces, en cualquiera de los dos sentidos, en sentido weberiano es ya la introducción de un juicio de valor. Entonces, deciden integrar dos textos que se habían discutido. Uno, es el de los tres tipos puros de dominación legítima, que Winckelmann había hablado con Marianne Weber en los años cuarenta para decirle “Querida profesora, no le gustaría a usted que quedara incluido esto en su próxima tercera edición que saldría en 1947”; y ella dice “No, eso es parte de un texto que no forma parte de Economía y sociedad, yo lo sé por cómo estaban ordenados los trabajos de mi marido”. Marianne Weber se muere en 1954, y en 1956 Winckelmann saca la cuarta edición y ya sintiéndose con todos los derechos y aunque Marianne le hubiera dicho que no, lo mete. En la traducción de 1964 del FCE que todo mundo conoce, está entre las páginas 706 y 716. “Gran problema”, van a decir aquí los editores. Winckelmann tomó la decisión de incluir ese texto como una parte integrante de la sociología de la dominación y además intercaló un texto relativamente tardío en una de las partes más antiguas de Economía y sociedad. Está confundiendo, pues en la parte más antigua Weber no habla de tipos puros, habla de tipos ideales. Es algo que modifica conceptualmente. Entonces, los editores deciden que se publique como apéndice, no como parte integrante de la sociología de la dominación, sino como una parte integrante con una nota donde se le dice al lector, como lo hacemos en nuestra edición, “esto es tardío”, no está integrado como parte de la obra, es un texto muy acabado: diez páginas prácticamente sin ejemplos históricos, muy destilado. Por último, Edith Hanke que vino a México en 2013, incluye algo que no se conocía, un inédito, un texto que descubrió en un periódico, una reseña que se hizo en Viena cuando Weber estuvo en la Universidad de Viena, en una sociedad donde una de las figuras principales era el jurista austriaco Hans Kelsen, quien no asistió a la conferencia. Se hace un resumen muy bien hecho de lo que fue la conferencia de Weber. El resumen está tan bien hecho, lo dice la editora, que es posible que el propio Weber se los haya escrito; o sea, que haya llegado un periodista y le haya dicho “oiga, profesor Weber, nos podría decir de qué se trato su conferencia…”; y Weber les redactó rápidamente una reseña de lo que había dicho, se los entregó y existe la posibilidad, no es definitivo, porque tiene demasiados detalles internos que parece ser que es el autor el que lo está haciendo, no alguien que llega y toma taquigráficamente la nota. Se publica en un periódico vienés, que se había perdido. Edith Hanke lo encuentra, lo saca, lo consulta con todos los miembros colegiados de la Gesamtausgabe y dijeron que se publique como apéndice. Este es un texto que está mucho más autorizado como una Staatssoziologie que lo otro que había publicado Winckelmann. 
Y se había pensado originalmente que el último tomo, Economía y sociedad. Sociología. Inacabada, fuera publicado como apéndice, pero decidieron sacarlo. Estas son algunas de las cosas que no alcanzo a desarrollar en la “Introducción”, lo menciono en una nota al pie de página. 

¿Podríamos sugerir que a pesar de lo atinado o desatinado de los criterios editoriales primero por Marianne Weber y después por Winckelmann que dieron vida a esta obra, hay una suerte de “núcleo secreto” que la contiene y que está escondido en su propia arquitectura de los desarrollos más refinados de la reflexión de Weber o es simplemente un legado de este autor para la sociología, ya que como lo comenta no hay una tesis central en la obra?

Hay dos posibilidades. Dentro de las críticas que empezaron a discutirse a partir de 1975, surge en Alemania una doble posición; por un lado esta la cuestión de que era necesario hacer una nueva edición de Economía y sociedad, esta es la posición de un autor, Friedrich Tenbruck, del cual menciono todas sus críticas en la “Introducción”. Él dice que lo más honesto para Marianne Weber hubiera sido que al regresar después de enterrar a su marido y encontrarse ese escritorio, era tomar los textos tal y como se los encontró y publicarlos como un Nachlass, es decir, como legado póstumo, sin agregarle nada, quizá por una cuestión de clasificación ponerle un título, pero no meterle subtítulos a los textos como ella misma hizo. Eso hubiera sido lo ideal si se hubiera pensado en que la obra se iba a editar un siglo después y que se iban a poder utilizar los materiales tal y como se los encontró la viuda. Suponiendo además de que Marianne Weber no estuviera capacitada o cualificada como editora. Pero hay cosas ahí que se le escapan. Marianne Weber no quería que se publicaran simplemente como “estos son los textos que me encontré, se publican así y háganse bolas”. Ella era una doctora en ciencias sociales en la Universidad de Heidelberg, apoyada por Max Weber, una cosa rara. Una Frau doktor, que conocía muy bien la obra de su marido, quien había trabajado muchas cosas con ella, que su marido le había asesorado para presentar su investigación de doctorado, casi de habilitación que se llama “La pareja y la mujer en el desarrollo jurídico de la historia mundial (1907)”, donde muchos han encontrado que está ahí la presencia de la formación de Weber como jurista en esta parte de la obra. Entonces, Marianne Weber dijo: “¿quién dice que no estoy calificada para ser editora y quien lo puede hacer mejor que yo que incluso puedo recordar en qué momento se publicó algo acá?”. Y se asume, además, con la autoridad, eso sí dirían que ya no era legítimo, de meterle mano al texto, que es lo que hará con ciertos conectores. 
La otra posición, contraria al purismo de decir que se hubieran publicado los documentos para después hacer la edición que en ese momento no se podía hacer porque Marianne Weber decía “yo estoy más calificada que cualquier otro”, con un posible editor para hacer esa edición, es la posición que viene después y dice: bueno, si se le da cualquier orden y Marianne le dio uno ⎯divide en una primera, en una segunda y hasta en una tercera parte⎯ y llega a decir en el “Prólogo” que este es el Hauptwerk, es decir, la obra principal de mi marido, y claro eso es lo que va a aparecer en otros de los ámbitos. Si todo esto se hace, al final de cuentas resulta que cualquier otra forma de edición va a tener algún criterio interpretativo. 
     Voy a poner un ejemplo, en la portada de Economía y sociedad a último momento yo sugerí a los editores que pusiéramos una imagen de Marianne Weber y no quisieron. El argumento que me dijo alguien del Comité editorial del Fondo fue que de por sí esto ya está generando polémica ⎯pues hay personas que por envidia, por frustración o por lo que sea, están haciendo reseñas muy negativas de la traducción de Medina que decían que el texto de Medina era ya inutilizable como traducción aunque en esta edición se revisa, se homogeneiza todo, y se corrigen erratas y cosas por el estilo⎯, y si metemos una fotografía de Marianne Weber en la portada, eso ya es un sesgo interpretativo. Es casi sin decirlo que se le está reconociendo una autoría por lo que tú mismo estás diciendo en tu introducción con todos estos elementos de qué tanto intervino ella en la edición. Yo decía, sí, es cierto, pero total, una portada cambia, y qué mala portada tuvo durante muchas reimpresiones Economía y sociedad, que a alguien se le ocurrió poner a un turco que no tiene nada que ver con la obra y que muchos pensaron que ese era Max Weber. Y bueno, yo pienso que aunque sea en una de las múltiples portadas que tendrá la obra que aparezca Marianne es algo positivo. Pero les dio miedo en el Consejo editorial, lo consideraban audaz. Yo estaba pensando en el público alemán, conozco a algunos de los Gesamtausgabe, quienes iban a decir que era una excelente solución, una respuesta vanguardista, iban a decir que no solamente es la primera traducción que se hizo a cualquier otro idioma, sino que además se atreven a poner a Marianne Weber en la portada, solucionando el problema de que Marianne no quería tener créditos de coautora; y claro, ya es una interpretación, nada más que esta sí es valida porque no pretende ser una edición crítica documental para especialistas, sino que es una edición establecida y de estudio; es una edición donde lo fundamental no es darle tantos materiales a alguien que quisiera venir a hacer la nueva edición, sino que es una obra que está pensada, al igual que lo hice con La ética protestante, sobre cómo ayudar al lector. Incluso, cómo se puede utilizar esta obra en las clases, en los cursos; y para eso son las notas en los pies de página: para irles aclarando esos elementos. Si pongo a Marianne en la portada, estoy retomando un dato que estaba integrado en mi introducción; como sea, es bueno que no lo hayan considerado, pues puede ser tomado en consideración en una segunda edición o en la primera reimpresión. 
Otro argumento que me dieron es que la portada estaba muy cargada; cuando me la entregaron, les dije: bueno, métanle el guardagujas que ya use para mi edición de La ética protestante, en lugar de lo que está. ¿Qué ya estaba muy cargada la portada? Bueno, quiten la imagen central y pongan a Marianne. 

¿Esto supone que Marianne Weber es una suerte de ghost writer? Incluso usted desliza en su “Introducción” que es imposible confrontar lo que la viuda publicó de Economía y sociedad con sus originales porque éstos no existen. Es como si tuviéramos una distancia filológica incolmable de la obra con su “arché”…

Porque ella los quemo … eso lo menciono. 

¿Economía y sociedad es una obra que vale más por su polémica, es decir, vale más por su “orfandad” frente a sus originales o vale por la manera en cómo la viuda de Max Weber entrelaza lo que tenía pendiente el propio autor en una empresa que además de los equívocos, se vuelve la empresa central de la sociología como disciplina? 

Ahora que hablo de ghost writer… Voy a dar un ligero rodeo. Escribí antes un libro sobre Luckács, Ortega y Heidegger que se llama Los profetas y el mesías. Lukács y Ortega como precursores de Heidegger en el Zeitgeist de la modernidad (1900-1929), donde me metí a algo que ya estaba apuntado por Karl Mannheim de cómo definir el Zeitgeist, el espíritu de una época en términos sociológicos, y usarlo para esta obra de historia intelectual. Ghost writer sería en alemán geist schriftsteller, y entonces forma parte como del espíritu de la época. 
¿Qué vale más? Para muchas personas en todas las otras ediciones se sigue diciendo que esta es la obra de Max Weber. Los textos básicos, lo fundamental, aunque no la estructura final, sí son textos de Max Weber, ayudados. Es sólo una cuestión de purismo de una edición crítica. Es decir, en una edición crítica si hubiéramos contrastado el original no hubiéramos puesto todos los párrafos conectores, todos los subtítulos que Marianne Weber puso; quizá, no lo podemos saber, hay párrafos enteros reconstruidos por ella. Y no tenemos el manuscrito original, porque ella inmediatamente después de que se publicó la primera edición, llegó a la editorial y dijo: “entréguenme el manuscrito”. No se acostumbra mucho eso. Ella argumentó que por cuestiones emocionales. Pero no lo hizo por eso, ella fue a recuperar el texto y lo quemó, para que nadie después metiera mano y dijera: no es cierto que Weber le puso aquí “Las realidades formales del derecho revolucionario creado y el derecho natural”, Parágrafo 7. Ahí no hay ningún parágrafo, eso lo puso alguien más. Pues sí, lo puso ella y puso los resúmenes, ciertos subtítulos; y puede ser que en algún momento diga “como mencionamos antes”; eso no es de Weber, sólo puede ser de Marianne. El gran mérito es que ella decidió que iba a escribir la obra principal de su marido con los elementos que tenía, le iba a dar el formato, pues Weber era muy desidioso para dárselo; incluso, si uno compara lo que sí se sabe que es totalmente de él porque lo mandó a la imprenta, y que son las primeras 250 páginas, uno ve la estructura y la redacción es mucho más enredada que lo que Marianne consiguió para la otra parte. Ella tenía más idea de la sistematización que pudiera tener. 
Entonces, le debemos esta obra, con independencia de la cuestión purista. Hasta se podría resolver como había dicho Wilhelm Hennis: si ella hubiera puesto Max Weber y Marianne Weber coautora, nadie hubiera podido decir nada. De todas maneras tendríamos la que se considera como la obra más influyente en las ciencias sociales, con una cuestión meramente de autoría. Por eso, yo decía: respetar la decisión de Marianne de que no aparezca como coautora pero implicar con una imagen que ella está presente, y que de no haber sido por ella, esta obra no se hubiera editado y aunque lo que se conoce de Weber, es decir, sus tres volúmenes de ensayos de sociología de la religión, hubieran sido muy atinados pero no hubieran sido considerados como la gran obra de la sociología, es decir, no se prestaban ni el formato ni la temática para que fueran el texto fundacional de una disciplina como si lo llego a ser Economía y sociedad. Incluso, la hazaña es tan audaz que en cierta forma lo es mucho más que otros textos fundacionales de la disciplina como son los escritos de Durkheim. Está bien: Las reglas del método sociológico, La división del trabajo social, El suicidio (Las formas elementales de la vida religiosa ya es otra cosa) que se consideran fundacionales en la disciplina francesa, ninguno equivale a todo esto. Es más tendrían que juntarse los cuatro textos fundamentales de Durkheim para considerar algo más o menos equivalente y todavía se queda por abajo, porque ahí no hay política, sí hay una sociología del derecho pero mucho menos desarrollada que la que tiene Weber. Y además, Durkheim es fundacional para la sociología francesa pero no es el único. Están Gabriel Tarde, está Mauss, y otros, mientras que aquí, a partir de esta obra junto a los Escritos políticos, serán las obras que tomará Mannheim para desarrollar los textos de Ideología y utopía, y es la obra que toma Carl Schmitt para su trabajo sobre legalidad y legitimidad, y es en lo que se apoya Elias, siguiendo a Mannheim.
La respuesta concisa y sencilla a eso es que después de haber ganado el galardón de una comunidad de especialistas de todo el mundo, gracias a Marianne esta obra de Weber se expande por el tipo de aspectos que toca a todas las ciencias sociales. 
      Es una cuestión que en una introducción se puede decir que ella tiene mucho más que ver con esta obra de lo que se creía en un principio, pero sigue siendo Economía y sociedad, perfeccionada la edición, incluso yo lo que hago es respetar, porque además fue una sugerencia de Schluchter y de los editores de la Gesamtausgabe. Cuando le dije a Schluchter: tenemos dos ediciones de Economía y sociedad, él me dice: “eso es fantástico”, porque no hay ningún otro idioma que tenga traducción de dos ediciones de Economía y sociedad: en español tenemos una, basada en la segunda edición alemana que de hecho es la primera, y otra de la cuarta edición. Entonces lo que tienen que hacer con esa ventaja es regresar a la primera edición, la edición de Marianne, y es cuando él me hace la sugerencia de que empiece con el artículo de “Sobre algunas categorías de la sociología comprensiva” que traduje como la cabeza conceptual para la parte más antigua y voluminosa de la obra, con una diferencia que todavía no me permitieron en el Fondo: Schluchter me había dicho que empezará con el ensayo traducido especialmente para la edición; la idea de Schluchter, en términos editoriales, y él ha editado muchas de las cosas de Weber, es: “empiece aquí”, y me dijo que empezara la obra en la página 433, publique lo que viene hasta antes de los “Apéndices”, en el orden en el que están marcados, hasta “Estado y hierocracia”. Déjelo ahí. Y después de esto, presente lo que Weber mandó a la imprenta que empieza con los conceptos sociológicos fundamentales. ¿Qué ventajas hubiera tenido el hacerlo de esta manera como se lo imaginó Schluchter? La ventaja es que ese sería el orden cronológico de la redacción de los textos. Empezamos con los más antiguos y terminamos con lo último que mandó Weber; ya cuando se llegué a esta página están los conceptos sociológicos fundamentales que se pueden contratar con lo precedente y se podrá ver cómo evolucionaron esos conceptos. Este era el proyecto original. Lo lleve al Fondo y me dijeron ⎯es también muy entendible, no estoy criticando la decisión que ellos tomaron⎯, que si hacíamos eso, presentar los conceptos sociológicos fundamentales hasta la página “novecientos y pico”, cuando aparezca la obra todos los que ya conocen la edición de Winckelmann van a comprarlo porque esa es una edición establecida, y lo primero que van a buscar es la definición de sociología, que aparece en la primera página de los conceptos sociológicos fundamentales, y no se van a encontrar eso. Se van a encontrar una paráfrasis donde no hay una definición de sociología en la parte más antigua. ¿Y acción social? Acción social no aparece sino hasta la última parte, en la parte más voluminosa de la obra. Weber no utiliza el concepto de acción social, usa otro, el que yo traduje como “actuar en comunidad”. Van a quedar a disgusto, porque la gente va a decir: lo que yo conozco de Economía y sociedad
© Eduardo Olivares/Metapolítica
      Cuando volví a ver a Schluchter en 2011, me preguntó cómo va la edición y le dije: fíjese que no me aceptaron en la editorial eso, su expresión fue: ¡qué lastima! Porque yo ya estaba incluso presumiendo en Alemania que en México iban a hacer una edición con los textos de manera cronológica y que sería una alternativa a cómo se debió haber hecho toda obra. Le explique lo de la cuestión de la edición establecida y dijo: bueno, eso sí es un argumento entendible, ustedes no están haciendo una edición crítico-documental para investigadores como lo es la edición alemana en siete tomos. Lo que ustedes están haciendo es algo para estudiosos, y sus notas las está metiendo para ayudar fundamentalmente a alguien que no sabe, por ejemplo, a qué pasaje de la Biblia, al final de “Estado y hierocracia” aparece lo que Weber dice: “como dice la parábola de Lázaro en el Nuevo testamento”. ¿Cuál es la parábola de Lázaro que todos conocemos? La de “levántate y anda”, pero no. Parece que hay en el Libro de los jueces otra parábola de otro Lázaro que no es el que conoció Jesús y que tiene mucho que ver con lo que Weber habla de la lógica del resentimiento. Es decir, es una parábola que está en la Biblia que dice que es un hombre muy rico que se llama Lázaro y un mendigo que está tirado a las puertas de su casa, todo andrajoso, lleno de enfermedades, muerto de hambre. Entonces, Lázaro pasa prácticamente sin verlo, se mete a su casa, no lo atiende, etcétera. Luego, se mueren los dos al mismo tiempo, y cuando llegan al seno de Abraham, el pobre es consolado en el seno de Abraham y al hombre rico lo mandan a los tormentos del infierno; y cuando él se está quejando de todo eso le dice Abraham: “tú ya tuviste todos tus bienes en la tierra y los aprovechaste de cierta manera, este pobre no tuvo nada, entonces ahora va a gozar de los bienes celestiales y el otro no tendrá nada”. Weber lo utiliza como un argumento importante en la sociología de la religión: la sociología del resentido, de cómo ese tipo de creencias mantienen cierta estabilidad social; el hecho de decir: “bueno, todos estos ricos, a Salinas, a Slim, les va muy bien pero luego se van a achicharrar y yo que estuve pobre toda mi vida voy a tener la redención en el mundo del más allá…”. Es buenísimo para la estabilidad social. No importa, este es el elemento de la sociología comprensiva, que sea cierto o no, sino que grandes actores sociales interpreten el mundo de esta manera; y esto tiene consecuencias sociales reales. No se están levantando en armas, pues cómo es posible que después de todo ese proceso de miseria… No, tienen una esperanza escatológica en el mundo del más allá, una recompensa, un premio; y también el hecho de decir: “a todos estos malvados que les va bien aquí…”, es temporal, pues les irá mal, sufrirán todos los castigos, es genial en términos de una cuestión de justicia social. Esto es parte de lo que hace la sociología comprensiva. 

¿Sería una expresión del célebre teorema de Thomas, al ser consecuente la acción con los fines imaginados del actor? 

Exacto. Y es lo que Weber ya había trabajado, eso lo explico en la “Introducción”, en La ética protestante y el espíritu del capitalismo. ¿Qué es lo que explica la acción social del puritano protestante? El grave temor que no existe en el catolicismo pero sí en el protestantismo de la predestinación, de que ya todos los que estamos aquí están unos predestinados para la salvación y otros predestinados para irse al infierno, a ser reos del fuego eterno. Entonces, yo tengo que tener un comportamiento en mi vida que elimine las señales externas de estar condenado al infierno. Por eso voy a trabajar mucho, todo lo que gane no me lo voy a ir a gastar, ¿cómo que voy el viernes a tomarme una cerveza? El hecho de ir el viernes a tomar una cerveza puede que ya me predestine a vivir en el fuego eterno… Mejor no voy. Todo mi dinero lo ahorraré para luego invertirlo en una gran obra al servicio de Dios. Mi vida se vuelve metódica: trabajo doce horas, incluso para evitar tentaciones, llego totalmente cansado a la casa, lo único que quiero es dormir para reponerme y comenzar la nueva jornada laboral, generando un ingreso que no gasto, lo ahorro, ya que después será invertido en una gran obra para gloria y gracia del Señor. 
Lo que Weber dice es que sin que se lo proponga, pues su objetivo es evitar las señales externas de condenación, genera una acumulación de capital que históricamente será fundamental para el despegue del capitalismo. En la “Introducción” lo digo: si yo le preguntara a un puritano del siglo XVI: “Oiga, ¿se dio usted cuenta que con ese objetivo generó una acumulación de capital? Quizá su respuesta sea: “yo no sé de que me habla, yo lo hice para evitar las señales externas, por la salvación de mi alma”. Ahora bien, Weber dice: a mí no me importa si eso tiene un fundamento real, si lo cree un individuo o amplios sectores sociales, eso tendrá un efecto que, como sociólogos, tenemos que considerar y no podemos descartarlo. 

¿A qué lector le está hablando Weber en la actualidad?, ¿quiénes serían los contemporáneos de Weber, en particular con esta edición a su cargo que es diferente a la edición completa alemana?

La edición alemana en siete tomos está hecha para los especialistas de todo el mundo. Cualquier especialista en el mundo que parte de ese supuesto, que trabaje a Weber profesionalmente tiene que consultarla. Pero no todos los que lean a Weber tienen que saber alemán, para eso es una traducción, que sirve para hacer un texto muy importante más accesible y si se le ponen notas para hacer más comprensible el significado pues entonces está muy bien. 
      También hay un elemento que se ha venido dando en el siglo XXI, quizá un poco antes, con el gobierno de Zedillo. Se empezó a utilizar mucho términos weberianos. Zedillo empezó a hablar mucho de la ética de la responsabilidad. Se comenzó a hablar mucho del carisma plebiscitario cuando llega la candidatura de López Obrador. Este es otro término de origen weberiano, que muchos de aquellos que lo usan, no saben que viene de Weber. Los cronistas deportivos hablan del carisma del “chicharito” Hernández. El que está haciendo la narración de Televisa no sabe que Weber lo rescató de la historia eclesiástica para convertirlo en un término de carácter sociológico, y originalmente carisma quiere decir don, gracia dada por Dios, alguien tocado por el dedo de Dios. De tal manera que el resto de los seguidores le atribuye facultades extraordinarias para poderlo seguir como dirigente. A López Obrador se le atribuyen facultades extraordinarias, por ejemplo, que no tiene Jesús Ortega. 
Weber toma esta idea y logra darle una posibilidad de categorización conceptual y luego decir: ahí se los dejo para que ustedes lo apliquen a muy diferentes circunstancias. Es un tipo ideal. Los distintos experimentos de política se van a dar combinados. Y no nada más en México. López Obrador tiene seguidores muy intensos, lo que quiere decir que es carismático porque algunos de sus seguidores, los más cercanos, jamás le van a cuestionar nada de lo que haga. Si dice: “soy el presidente legítimo, es el presidente legítimo”. Si dice: “tomamos Reforma, tomamos Reforma”. Si dice: “Tomamos pozos petroleros, tomamos pozos petroleros”. Si dice: “Espérense, ahorita no quiero violencia, ni un cristal roto, entonces, no hay un cristal roto”. Está bien, es una posibilidad que tiene con los seguidores, pero no es lo suficientemente amplio el grupo de seguidores para permitirle ganar una elección nacional. Porque también no debemos perder de vista que ese seguimiento intensivo lo tiene muy concentrado en el Distrito Federal, ni siquiera en toda la Ciudad de México, y después puede decirse que Tabasco, su tierra natal, tenían en Michoacán (cada vez menos), tenían en Chiapas (también cada vez menos). El norte es prácticamente impermeable a esta cuestión. No le da para ganar, su carisma tiene ese límite, que es una herejía para muchos, pero Weber diría: ¿y saben qué? Enrique Peña Nieto tiene carisma… ¿Cómo? ¡Que el copete, que el peinado! No, hay que fijarse cómo fue gobernador del Estado de México, qué son las cosas que usa, cómo incluso logra usar muy bien sus contactos internacionales, y con sus contactos internos también se puede meter a sectores muy populares y ahí están queriendo darle la mano, tomarse la fotografía con él, la decisión que tomó en el contexto del Mundial de fútbol de “vamos apoyar a la Selección nacional”. ¡Qué frívolo! ¿Cómo se va el presidente a jugársela y hacer una apuesta política por la Selección nacional? Yo creo que está muy bien hecho el cálculo. Si sale, adelante. Si no sale, de todas formas me lo van a reconocer, por mí no quedó. 
      Weber diría que el carisma tiene muy diferentes manifestaciones, no crean que sólo hay una forma de expresión, y que es absolutamente puro. López Obrador tiene rasgos carismáticos pero también rasgos de sultanato patrimonialista impresionante en el manejo de sus recursos; Peña Nieto tiene su rasgo de carisma, pero todo el tiempo se está apoyando en la legitimidad institucional. Hay algo, en ambos, de tradición. Por ejemplo, ese elemento que también fue impresionante en el gobierno de Fox, cuando la gente se enojó en el momento en que López Obrador le dijo: “Ya cállate chachalaca”. No porque no fuera cierto, ¡claro que se lo merece! Pero mucha gente decía: es el presidente de México, no le pueden faltar el respeto al presidente. Eso lo decía mucha gente. Falso o cierto, es una forma de legitimidad que un sociólogo tiene que decir: en eso creen, con esas peculiaridades que no han sido tipificadas; quizá sólo lo podemos medir por encuestas, pero hay mucha gente que no está metida en la política, que son apolíticos y que tienen esa idea de que ni con la bandera, ni con la virgen de Guadalupe, ni con el presidente, ni con la Selección nacional, se pueden meter. 
      Entonces, Weber le habla a los políticos, si se utiliza lo del carisma, lo de la ética de la responsabilidad, si se utiliza lo de la legitimidad institucional. Alguien podría decir que a Plutarco Elías Calles después del asesinato de Álvaro Obregón, cuando se da cuenta de que lo están responsabilizando del asesinato, y que dice: es el momento de retirarse y dejarlo todo en manos de una institución, que fue el Partido Nacional Revolucionario (PNR), y como presidente en su último discurso dice: “con esto ha terminado la época de los caudillos, y empieza la era de las instituciones…”. Se acaba el carisma, o por lo menos ya no es, y lo que va a predominar es la racionalidad legal-institucional, etcétera, que ya no depende de individuos, sino que está fundamentado en estatutos, leyes, etcétera. ¿Alguien le aconsejo a Elías Calles habiéndose leído Economía y sociedad que ya estaba publicado? Seguramente no. Si podemos decir que Weber era un extraordinario sociólogo en teoría, también podemos sugerir que hay políticos que son extraordinarios sociólogos, muchas veces los más exitosos porque hacen una lectura de qué es lo que se necesita en una situación política y qué es lo que la gente quiere. Lula es un excelente sociólogo aunque nunca haya estudiado un semestre de sociología. Otros que son extraordinarios sociólogos, los escritores de telenovelas, quienes entienden lo que la gente quiere, con qué lo van a mover. Claro, hay telenovelas que son lacrimosas y son malas. 
      Cuando el Canal 13 era una empresa paraestatal, en la época de Salinas, donde decían “hay que vender ya”, porque se estaba en un proceso de deshacerse de todas las paraestatales, hay que vender el Canal 13, y le encargan a una persona, que por cierto era profesor de El Colegio de México, Romeo Flores Caballero, quien dice: “bueno, si voy a vender el caballo, tiene que ser bonito”. Entonces, toma un año para subir el rating de Canal 13. ¿Cuál es una de las principales fuentes de atención del público en Televisa? Las telenovelas, que son muy caras producirlas, nosotros no tenemos recursos para eso. Pero él, que era especialista en América Latina, sabía que las mejores telenovelas eran las de Brasil y Colombia. Entonces, voy y les compro, me sale mucho más barato, te compro Tieta, la traducimos a un español con el encanto del portugués, basada en una novela de Jorge Amado, y Canal 13 le rompió el rating a las telenovelas de Televisa porque era de mucho mejor calidad, con muchas cosas que uno podía identificar de América Latina, y porque el análisis que hace Jorge Amado del tránsito de una sociedad agraria tradicional, pasando por el pueblo, a la zona industrial urbana, es general para toda América Latina. 
      Un buen sociólogo es alguien que entiende lo que la gente va a interpretar. Como decía Weber en torno a la predestinación y frente a una señal de salvación. Eso no lo planteo Calvino, y es algo que no me interesa, decía. Yo estoy haciendo un análisis de cómo amplios sectores sociales interpretan, sea falso o verdadero, a favor o en contra. En Economía y sociedad hay un ejemplo de sociología de la religión donde Weber habla del politeísmo en el catolicismo. Eso ha provocado reacciones históricas de que ¡cómo Weber dice politeísmo! ¿Pues que no tienen muchos santos? Sí, pero el dogma dice que los santos no son dioses, que los santos interceden ante Dios, y que reciben sus favores. Weber dirá que el comportamiento de la gente es rezarle a la Virgen de Guadalupe como si fuera una diosa. Y a San Antonio como si fuera el Dios. Así como los griegos tenían su panteón, en México San Antonio es el especialista para los matrimonios. Es una multiplicación. No importa lo que diga la teoría y el dogma en general, lo importante es lo que cree la gente, quienes se comportan como si cada uno de esos santos fueran dioses, y se le reza a él independientemente de que interceda o no con Dios porque la creencia es “el milagro me lo dio San Judas Tadeo”. La gente dice: “San Judas Tadeo nunca falla en darme el milagro, los demás fallan, no son tan buenos, son chafas. Pero éste sí”. Eso es lo que hay que hacer en términos sociológicos. Y la sociología de la religión tienen muchas frases en este sentido. Hubo algunos párrafos que tuve que retraducir de lo que tradujo Eugenio Ímaz. Por ejemplo, en la nueva edición, Weber habla un par de veces de la leyenda de Belén, que no está en la versión anterior. Yo pongo una nota a pie de página, donde digo que tuvimos que retraducir este párrafo porque Ímaz no quiso traducirlo, no quería meterse en problemas. Hay que entender que ellos eran refugiados republicanos españoles, vienen después de la guerra civil a México, y de repente se topan con que Weber dice que la religión católica es politeísta, y ahora está diciendo que no es verdad que la Sagrada familia haya llevado al censo ordenado por el Imperio romano al niño a registrarlo a Belén. Históricamente está demostrado que ese censo no existió. Pero no importa que no haya existido, la leyenda de cómo se ha transmitido es que sí hubo ese viaje. Ímaz como republicano marxista español piensa que si mete eso de que no existió, que es una leyenda, en un país como México con su devoción por la Virgen de Guadalupe y el papel de las creencias religiosas, hay que respetarlas, con eso no hay que meterse. Estamos aquí de huéspedes. Para evitar problemas, elimino lo de la Leyenda de Belén y le doy otro sentido al párrafo, para pasar por ahí rápidamente. Entonces, yo restablezco que Weber dice dos veces que es una leyenda, dos veces está haciendo análisis de sociología comprensiva, y en una nota de pie de página incluso explico que por temor a una posible protesta por parte de la Iglesia católica, los republicanos no querían tener problemas en México decidieron que mejor había que editarlo. No es el único, autocensura de ese estilo existe en otros lados. Por ejemplo, el libro que tradujo Wenceslao Roses, El asalto a la razón, también para el Fondo, donde al final Luckás se lanza directamente contra el presidente de México, Adolfo Ruiz Cortines, porque estaba haciendo una alianza con Eisenhower y lo considera un presidente reaccionario, a favor del capitalismo, etcétera. ¿Qué fue lo que decidieron en el FCE? Ese párrafo no existe. No vamos a mencionar al presidente de la república en 1954. Y además, yo digo que no era una autocensura externa, se lo imponían ellos mismos. Al final, todavía son refugiados, muchos de ellos aún en los años cuarenta o cincuenta piensan que Franco va a caer y que ellos regresarán a España. 

¿Cuál es el balance de la recepción de Weber y de los estudios weberianos en nuestro país? 

Recientemente la revista Sociológica de la UAM (Universidad Autónoma Metropolitana) publicó un artículo donde dice que la recepción de Weber en América Latina, no sólo México, fue un fracaso porque habiendo tenido desde un principio sus obras, estas no se utilizaron adecuadamente. Creo que esto es verdad hasta un cierto punto. En la presentación del libro en junio de 2014, Javier García Diego menciona, basándose en archivos que hay en el FCE, que Historia de la cultura de Alfred Weber, traducido por el FCE en 1941 tres años antes que Economía y sociedad de Weber, se vendió muchísimo más en los años cuarenta, cincuenta y principios de los sesenta, que Economía y sociedad.
      Economía y sociedad se publica en 1944 y durante veinte años la edición no se agota. No hay comentarios, no hay reseñas, es una obra difícil de reseñar. Afortunadamente ahora aparecerán muchas reseñas. Es una obra difícil de reseñar por su conjunto. Muchos dicen que se pueden reseñar las partes individuales. En cambio, Alfred Weber se vende como pan caliente. Hoy en día, Historia de la cultura de Alfred Weber no la lee nadie. Entonces, ¿qué es lo que explica por qué esa obra tuvo tanto éxito y Economía y sociedad no? Historia de la cultura se llevaba como libro de texto en la Escuela Normal Superior, lo pedían para los cursos. ¿Por qué? Porque es una historia de la cultura que se puede adaptar a un libro de texto de historia con elementos culturales. Economía y sociedad nunca fue tomado como libro de texto.
La respuesta es que los primeros veinte años, Ímaz y los otros traductores se quejan en artículos que ellos escriben de que “ya va para tantos años de que ha aparecido Economía y sociedad y no hay una reseña crítica, como si no se hubiera publicado”. Pero para la edición de 1964 hay muchos cambios. Entre otras cosas está el impacto que tuvo, si bien no la versión integral de Economía y sociedad, sí una traducción que había hecho Parsons de los conceptos sociológicos fundamentales. Se comienza a leer. Hay quien dice que por esa época Weber empezó a tener una buena recepción por el hecho de que se usaba como una contraparte al marxismo. Puede ser cierto, se empieza a leer un poco más pero las posibilidades de aplicación de estudios weberianos no se darán sino hasta la segunda mitad de los años setenta. En eso va a jugar un papel muy importante el hecho de que Luis Aguilar Villanueva, que acababa de llegar de Tubinga, se encarga (me parece que en 1976) de los primeros seminarios sobre Weber en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, y luego se fue a la UAM. Él le va a dar un enfoque diferente a la enseñanza de Weber. Ya no va es la preocupación por si es la alternativa a Marx o bien que Marx dice que todo depende de la economía y Weber dice que la economía depende de la religión. No. Hay que leerlo de otra manera. Creo que por primera vez en México y en toda América Latina, incluida España, en esos cursos de Luis Aguilar se hizo una lectura sistemática, bien organizada, de los conceptos sociológicos fundamentales. Con la sistematicidad que él traía de las Facultades de teología y sociología de Tubinga. 
Entonces, en ese tiempo yo no estoy en México. No fui alumno de Luis Aguilar. Yo estaba en Oxford, y luego fui a Heidelberg. Me fui en 1977. En 1976 no había oído hablar de Luis Aguilar, yo estaba en El Colegio de México. Haciendo mi tesis doctoral en Oxford unos amigos me mandan un artículo que había publicado Luis Aguilar en la revista Nexos sobre el palimpsesto de Weber, donde se ve que había un enfoque profesionalizado, y muchos de los que estudiaron con Luis Aguilar en esos seminarios van a comenzar a realizar investigaciones, quizá para principios de los años ochenta, al ver cómo se pueden aplicar categorías weberianas para entender el proceso de reforma política en México. Por ahí empezaron. Otros lo comenzaron a utilizar para el estudio de la organización burocrática y las políticas públicas, que es finalmente en lo que se especializará Luis Aguilar. Yo regreso en 1982, ya cuando el seminario de Luis Aguilar ha terminado, porque se convierte en secretario particular del rector de la UNAM, él deja sus clases y con todo de que regresa, ya no volvió a organizar algo en ese sentido. 
      No es cierto, como dicen algunos, que ha habido poca aplicación de las categorías de la sociología de Weber a estudios concretos. Yo nada más puedo citarle, en ese contexto, lo que he hecho. Escribí en 1984 para Foro internacional, un artículo que se llama “La crisis de legitimidad en la última etapa de José López Portillo”, donde utilizo las categorías de legitimidad y carisma para explicar algo muy concreto: la crisis de finales de 1982. Ahí además utilizo a Habermas, pero menciono que Habermas en su libro La crisis de legitimación en el capitalismo tardío toma a Weber para explicar la cuestión de la legitimidad. Entonces, ese ya es un artículo que va en esa dirección. Poco después, publico otro artículo en la misma revista que se llama “El estudio de la política exterior en México. Alternativas, posibilidades y paradigmas”. En ese artículo tomo una cosa de Max Weber de sus ensayos de metodología: la noción de relación a valores, ya que Weber está diciendo que una disciplina se funda por la relación a valores que predominan en una comunidad académica en un momento determinado. Pongamos un ejemplo específico: en 1976, cuando sale la primera promoción del Doctorado en sociología del Colegio, Gloria Leff, que ya no se dedica a la sociología ahora hace psicoanálisis, se le ocurrió decir en 1978 que le interesaba hacer un estudio sobre la manera en cómo la religión está afectando las formas de conducta en Chiapas. ¿A quién le importa Chiapas y los indígenas? No, Gloria, mejor vete a estudiar cómo cambia la percepción de las sirvientas del Distrito Federal después de que llegan de las zonas rurales. Eso es mucho más relevante que irse hasta Chiapas. Veinte años después se volvió el tema central para investigar. En el caso de las relaciones internacionales y de la política exterior de México, los temas han variado pero se puede estudiar con esa categoría weberiana y, además, Weber es el primero que introduce proposiciones contra-fácticas en la explicación causal. El “qué hubiera sido…” para Weber es fundamental porque elimina el determinismo en la explicación histórica. Pongamos un ejemplo: que hubiera sido si López Obrador le acepta en el 2006 a Elba Esther Gordillo todos los votos que le podría dar del Sindicato de maestros, hubiera ganado. Cumple los criterios de control de la posibilidad objetiva que dice Weber.
      En México se han hecho estudios de legitimidad y carisma. Hay artículos que se publicaron desde 1982 por parte de Gina Zabludovsky, Fernando Salmerón Castro (sobre caciques con un enfoque weberiano), ya que desde los años setenta existe una tesis de doctorado en el Centro de Estudios Históricos del Colmex que se llama “Caciques y caudillos. Santa Ana y Juan Álvarez”, publicado por el propio Colegio, una tesis dirigida por González Navarro, que fue alumno de Medina Echavarría, y que le dijo a ese investigador colombiano, que veía a estudiar temas de México: “está bien. Santa Ana y Juan Álvarez, pero hágalo con un enfoque weberiano”. ¿En qué sentido con un enfoque weberiano? Weber dice que de los tipos ideales se pueden construir los que sean necesarios (él sólo construye los tres básicos de la dominación) de acuerdo a la experiencia histórica que uno quiere analizar. En Europa no existen propiamente los caciques, y los caudillos son también un fenómeno latinoamericano. Bueno, pues construyamos nuestro tipo ideal de cacique y caudillo, definamos los rasgos que pueden tener cada uno de ellos y después apliquémoslo a una experiencia histórica particular y veamos qué tanto estos ejemplos se salen de la explicación histórica, que es lo que Weber va a considerar como lo más valioso de la investigación. 
¿Qué no se ha hecho investigación sobre Weber en América Latina? Estaba citando como un parteaguas el seminario de Luis Aguilar Villanueva, pero existe esto antes. Los discípulos que dejó Medina Echavarría ahora tan criticados, hicieron esas investigaciones. Entonces son ignorantes quienes dicen que hubo un fracaso en la recepción de Weber en América Latina, no conocen todo lo que se ha hecho. Cito sólo los casos de investigación en México. Son más lo que hay en México que lo que puede haber en Brasil, o en Venezuela, o en Colombia, o en Perú. Pero también en Colombia, Brasil y Argentina hay investigación sobre Weber. Más limitada que la que hay en México, porque aquí tuvimos la influencia directa de los traductores. Cuando se diga que no se han hecho investigaciones aplicadas, que vuelvan a revisar qué es lo que hay. Si buscan nada más lo que está publicado en la Revista mexicana de sociología, y revistas de ese tipo, puede ser que ahí no encuentren las aplicaciones. Hay que atender también lo que se ha publicado en historia y lo que se ha publicado en ciencia política y administración pública. 

¿Qué motivos lo empujaron al estudio pormenorizado de la obra de Weber?, ¿cuáles son sus conclusiones de estos estudios y que queda por estudiar de su obra todavía hoy en día? 

Gina Zabludovsky tiene un libro muy importante en el FCE que se llama El patrimonialismo en la obra de Max Weber que apareció a principios de los años ochenta. Ellas sí es alumna de Luis Aguilar Villanueva. Dice que lo que más le sirvió para introducirse en esa investigación fue mi tesis de licenciatura que había presentado en 1977 que se llama “Patrimonialismo islámico e imperialismo occidental. Un análisis comparado: desarrollo político en Libia y Arabia Saudita”, donde en el primer capítulo que tiene 90 páginas reconstruyo la visión weberiana del Islam. 
      Weber murió con el proyecto de publicar un cuarto volumen de ensayos sobre sociología de la religión, donde uno se lo dedica a China y el protestantismo, otro a la India, y otro al antiguo judaísmo, tenía programado un cuarto sobre el Islam, que ya no le dio tiempo de escribir porque acabó la guerra. Durante la Primera Guerra Mundial Weber no estuvo trabajando sobre Economía y sociedad sino sobre sus ensayos de sociología de la religión. Todos esos ensayos los publicó en su revista, el Archiv für Sozialwissenschaft und Sozialpolitik. En el momento en que acaba la guerra, tiene que suspender esas investigaciones porque le empiezan a pedir que de discursos políticos, como el del “Parlamento y gobierno en el nuevo ordenamiento alemán”, la conferencia “La política como vocación”; se carga muchísimo más en dirección a la política, y el editor Mohr le pregunta sobre el trabajo pendiente de Economía y sociedad. Por ello, tiene que regresar a trabajarlo en el último momento. Dejo apuntadas toda una serie de elementos de cómo veía al Islam en lo que finalmente salió publicado de Economía y sociedad, tanto en la “La ciudad” como en la sociología jurídica como en la sociología de la religión, muchas de las cuales están anotadas con especial cuidado en torno a cuáles son las fuentes que Weber usaba para la cuestión del Islam. Entonces, mi primer capítulo fue reconstruir la visión de Weber del Islam para poder explicar cómo hubiera explicado Max Weber, con sus propias citas, que el capitalismo no hubiera aparecido de manera autóctona en los países musulmanes. Fue la religión lo que impidió que apareciera el capitalismo, y Weber acaba dando una explicación estructural de corte material. Dice: no fue el Islam como profesión de fe lo que impidió la aparición de instituciones capitalistas en el mundo islámico, sino que fue su estructura política centralizada de carácter patrimonial que no permitió que se desarrollara una dualidad de poderes como en Occidente, donde estuvo separado el Papado y el Imperio, en el Islam no existe, todo está supeditado teóricamente al poder del Califa. Por lo tanto, no hay desarrollo del derecho canónico frente al derecho secular como existe en Occidente. Las ciudades islámicas nunca pudieron hacer lo que ocurrió en las ciudades medievales occidentales como Colonia, Frankfurt, Bruselas, Roma, Florencia, etcétera, de buscar que los intereses de los burgueses desarrollaran sus intereses comerciales, aliándose a intereses de autonomía municipal, aliándose a veces con el Papa, a veces contra el emperador, que eran las dos grandes configuraciones del poder. Entonces juegan con sus alianzas para ampliar el margen de autonomía urbana. Esa autonomía urbana, lo cita Weber, “el aire de la ciudad nos hace libres”, se refiere a que un siervo feudal que venía huyendo de su señor de un feudo, entraba a refugiarse, por ejemplo en Gante o Bruselas, quedaba automáticamente protegido por las instituciones de autonomía urbana y si el señor lo reclamaba tenía que entrar en una controversia jurídica con las autoridades urbanas para ver si se lo regresaban o no y prácticamente nunca lo regresaban. Eso es lo que hace fama en el lema “el aire de la ciudad nos hace libres”. Les permite desarrollar una prevención  jurídica material en la aplicación de la ley que no existe en otros lugares como las grandes ciudades islámicas de Bagdad, Damasco, que están controladas por el poder central. No hay burguesía, en el sentido de Marx ni el sentido de Weber porque todo lo hace la autoridad patrimonial. La autoridad patrimonial central en Damasco o El Cairo o en Bagdad, es sumamente eficiente porque tiene todos los recursos centralizados. Entonces, en Granada mandan a hacer las fuentes lujosas, son eficientes para mantener la limpieza, que pase la basura, que haya seguridad, que la policía funcione, pero todo controlado centralmente. En cambio, en el Occidente medieval si se compara, por ejemplo, Gante o Brujas, con Bagdad y Damasco (estoy usando los ejemplos de Weber), en el siglo XI o en el siglo XII, el contraste no podría ser mayor. Alumbrado público en las ciudades islámicas (esto no quiere decir, como muchos lo confunden, que hubiera electricidad), limpieza, seguridad, fuentes en zonas desérticas es un lujo, fuentes como ornato; en cambio, en Occidente, peste bubónica, el excremento por todas partes, no hay drenaje, las bacinicas se tiraban a la calle, produciéndose tifo, piojos. Mal manejado todo. Pero a la larga, ese es el análisis de Weber, esas autonomías de las comunidades urbanas medievales fueron mucho más eficaces para desarrollar su derecho, su autonomía. En el largo plazo los propios ciudadanos se encargan de la administración de su ciudad, mientras que el elemento de control centralizado patrimonialista truena en el siglo XVI (Batalla de Lepanto) y después cuando se enfrentan con Napoleón, porque militarmente ya esa autonomía que tenían las ciudades habían desarrollado capitalismo, industria y muchas cosas con las cuales no puede competir el Islam, esa es la explicación de Weber, que había que reconstruirla no sólo con lo que se sacaba de Economía y sociedad sino también de la Historia económica general y de algunos otros escritos menores. 
      Lo que hago es una reconstrucción y empiezo a trabajar desde ese entonces, todavía no estoy consciente de para qué me va a servir, con las fuentes de Weber en Economía y sociedad, porque mi director de tesis era un islamista, quien me dice: “yo creo que esto lo tomó Weber de tal islamista, está en alemán”; comienzo a fijarme también en las referencias que hay en inglés, y eso es lo que constituye mi primer capítulo de la tesis de licenciatura, que luego lo voy a aplicar con un enfoque que sigue siendo weberiano al desarrollo político de Libia y Arabia Saudita. Ahí ya trato de explicar otra cosa: cómo es posible que siendo fundamentalistas islámicos, uno siempre fue aliado de Estados Unidos y los otros siempre tuvieron una actitud de rechazo hacia Estados Unidos. La explicación no es por el origen religioso, porque es a final de cuentas el mismo tipo de fundamentalismo, sino por la diferente experiencia colonial frente al imperialismo occidental. Libia desde los romanos es una colonia explotada. Después de ser explotada por los romanos, fue explotada por lo árabes; luego por los bizantinos; luego Napoleón, después Italia y Mussolini, y después entra Estados Unidos y fíjese cómo acabó. Cuando escribí mi tesis Gadafi comenzaba, lo estudio con el enfoque carismático tradicional de cómo él obtiene el control sobre Libia de manera que es un autócrata pero en esa tradición profundamente carismático y antioccidental. En cambio, Arabia Saudita nunca fue colonizada porque era desierto, a nadie le interesaba meterse ahí; no es sino hasta que se descubre el petróleo en 1930 que la península arábiga se convierte en algo apetitoso para la explotación colonial. Ya para entonces, los británicos están en decadencia, los estadounidenses llegan con un enfoque muy diferente, al grado que los árabes no lo sienten como una explotación, sino que es un muy buen negocio; pero la península arábiga siempre tuvo una importancia geoestratégica como base de comunicación. Para el imperio británico era el punto de tránsito entre Egipto y la India, las dos colonias más importantes del imperio británico. Les alquilan la costa, pero no los dominan, no los controlan, no los conquistan imperialmente. Les pagan renta, piensan que están recibiendo una excelente paga por eso. Entonces, aunque fueran fundamentalistas, tienen una muy diferente experiencia con el imperio. Eso explica que hasta la fecha lo de Libia no se ha resuelto totalmente: violencia, enfrentamientos, resentimiento contra todo lo que es Occidente; en cambio, en Arabia Saudita siguen diciendo “nuestros socios comerciales y económicos que son Estados Unidos, aquí les permitimos que se establezcan bases militares”. Eso va a tener otras consecuencias después porque la radicalización de Osama Bin Laden que al principio fue agente de la CIA, cuando está en esa etapa de cooperación en los años sesenta con Estados Unidos, y a partir de la década de los noventa va a producirse una insurrección; ahí sí por un aspecto religioso. La península arábiga no se había ocupado nunca antes para poner una base militar, que fuera a ser utilizado contra otro país musulmán. En la Guerra del Golfo Pérsico del noventa, Bush llega y le dice a los saudís: “necesito poner aquí una base militar porque voy contra Sadam Hussein en Iraq”. Lo aceptan. Para muchos fundamentalistas eso era sacrilegio, el rey saudita está aceptando por dinero poner aquí, en la tierra santa del Islam, una base militar para atacar a otro hermano musulmán, por muy equivocado que esté. Altera todas las bases de la concepción del yihad. Entonces se radicaliza y empieza a prepara todo el movimiento de Al Qaeda que desemboca en la caída de las Torres Gemelas de Nueva York. Así que esa tesis que termino en 1977 adquiere una enorme relevancia y me comienzan a preguntar qué explicación se puede dar cuando se viene la primavera árabe y el conflicto en Libia, así como ya la había usado antes para entender la peculiaridad de Al Qaeda y la transición que tuvo Osama Bin Laden. 
Entonces, empieza con la cuestión de los estudios islámicos y la reconstrucción de las fuentes que Weber utilizó en esta parte. Ese es el origen que después lo llevo a Oxford, donde presento una tesis de Mphil (Master of Philosophy) que se llama “Politics and Racionality. A Weberian Interpretation on Islamic Capitalism” donde básicamente aumento lo que era el primer capítulo de mi tesis de licenciatura para una tesis de Mphil que no me pedían más de 100 páginas. Perfecciono el primer capítulo de mi tesis de licenciatura y lo presento. Ya estoy metido en discutir el concepto de racionalidad en Weber. La tesis de doctorado va a ser eso: cuál es el concepto de racionalidad en Max Weber en sus diferentes variaciones, ampliaciones y en muy diferentes proyecciones. Cuando llego a México, publico un resumen como artículo en la Revista mexicana de ciencias políticas y sociales. Justo llego en el momento en que la Facultad de Ciencias Políticas está organizando un seminario que se llama “Weber y la política” donde la figura dominante era Luis Aguilar Villanueva y discípulos de él como Fernando Daniel, Francisco Galván, y Luis Cervantes Jáuregui, que ya murieron. 
     El primer curso que doy es en la Facultad de Ciencias Políticas. Yo llego a México en marzo, y prácticamente ya habían empezado los cursos en todos lados. Hablo con el coordinador de ciencia política, David Torres Mejía, a quien le digo que quiero dar clases. Me contesta que ya empezó el semestre, pero que un profesor les fallo. Ya llevaban tres semanas. Me dice: “es una materia que no sé si tú la quieres tomar y tiene el peor horario, no lo podemos modificar porque ya está hecho precisamente así; es lunes y viernes, por lo que afectaba el fin de semana, es de nueve a once de la noche, y es Pensamiento político latinoamericano. ¿Lo quieres? Pues sí. Para el siguiente semestre me dan algo más adecuado a lo que yo quiero dar en un mejor horario. Durante tres o cuatro años di cursos de asignatura en la Facultad de Ciencias Políticas, todavía no se cambiaban al nuevo edificio, sino que estaban por donde ahora está la Facultad de derecho. Fui al seminario de “Weber y la política”, porque David Torres es el que me invita. Me dice: “Mira, pues también nos falló un ponente, ¿quieres entrar ahí?”. Sí, ¿con qué tema? “El concepto de racionalidad en Weber”. Así fue como empecé, con este seminario de la Facultad, donde comienzo a meter lo que ya estaba trabajando de Weber con un enfoque diferente a como se hacía en México, incluso diferente al de Luis Aguilar. No discuto temas de política sino que me meto a la parte teórica. David Torres me dice: “¿no te parecería mal que tuvieras de comentarista a José María Pérez Gay?”. No lo conocía pero dije que estaba bien. José María Pérez Gay hizo brillar como comentarista la ponencia que llevaba, pues todavía tenía un esquema de exposición que no era el adecuado para México, sino influido por las cosas de Oxford y Heidelberg. A partir de ahí me pide Cristina Puga que lo publique en la revista de la Facultad. Carlos Sirvent que era el director nombra a Cristina directora de la revista, que estaba atrasadísima y me comienzan a pedir artículos para poder poner al corriente la revista que llevaba muchos años. Presento el texto que leí en el seminario, pero además ya había presentado otros dos, uno sobre Sartre y otro sobre los presocráticos, otro sobre la teoría de la justicia de Rawls. Si los publicaban, perfecto, pues ya tenía uno sus primeras publicaciones. De ahí pase a lo de la crisis de legitimidad, a lo de la relación a valores, a lo de las proposiciones contra-fácticas en el análisis de política exterior de México, a cuestiones de legitimidad y estudios electorales, donde siempre va a estar presente el enfoque de Max Weber. Mi libro Los profetas y el mesías es una sociología del conocimiento con una fuerte influencia de Mannheim, pero también tiene elementos weberianos. 
     Cuando yo presento la ponencia en la Facultad de Ciencias Políticas y les digo que en Alemania, en la Gesamtausgabe están haciendo el proyecto de publicación de las obras críticas de Max Weber, que tienen proyectado hacer una edición crítica de La ética protestante y una edición crítica de Economía y sociedad, apenas empezaba, todavía no salía ninguno de los volúmenes, lo anuncio como una novedad, es lo que entusiasma a José María Pérez Gay. Al terminar la mesa, David Torres Mejía que era el moderador de la mesa, dice: “bueno Francisco pues creo que a ti te va a quedar encomendada la misión de hacer próximamente una edición crítica de Economía y sociedad”. Es agosto de 1982. Sonó a chiste, pues para nada me pasaba la idea de que lo iba a hacer. Mi maestro del Colmex, Rafael Segovia, cuando se entera de la presentación de la ponencia y de los comentarios que generó, me dice: oiga, aquí en el Colegio tenemos una revista que dirige Ramón Xirau que se llama Diálogos, por qué no publica una nota editorial del avance de la edición crítica integral en Weber y cuando lo van a sacar. En el número 110 de Diálogos publico una reseña del estado del avance. Luego, en la Facultad de Ciencias Políticas Cristina Puga me dice: oye, yo quiero otra pero actualizada, ya en 1985, para la Revista mexicana de ciencias políticas y sociales, y ella es la que le pone el título, que a mí no me gustaba, porque decía “Anuncian en Alemania la publicación de las obras completas de Weber”. Para entonces habían publicado varios tomos. Luego, en Estudios sociológicos, escribo otro artículo sobre cómo se estaba editando Economía y sociedad
    Esto puede ser interesante para la entrevista: cuándo fue cuando se decidió que yo me encargara de hacer la edición crítica. Primero me llamo Lucy Segovia que estaba en el lugar de Adolfo Castañón en la Gerencia editorial del Fondo, me dijo: oye, quiero sacar algunos clásicos que nos hacen falta en nuestra colección de sociología, no tenemos una edición de La ética protestante, ¿tú podrías hacer una introducción? Así fue la propuesta original de hacer una introducción para La ética protestante. Yo le dije: por supuesto que sí. Entonces le propuse que no sólo te puedo hacer la introducción, sino una introducción anotada en el estilo de cómo están haciendo los alemanes la edición crítica; además te voy a traducir una de las cuatro respuestas que dio Max Weber a sus críticos, la más extensa y la más importante, también podemos usar los pasajes de Economía y sociedad y de Historia económica general que Winckelmann uso para su edición de estudio de La ética protestante y que a nosotros no nos cuesta nada porque sólo lo sacamos de las páginas de estas dos obras ya publicadas por el Fondo. Me dio toda la confianza. Entonces, hacemos la primera edición en 2003, y más adelante, para el 2009, para los 75 años del Fondo me pidieron que si la podía revisar y dije: la voy a revisar pero en serio, le voy a publicar las cuatro respuestas de Weber, le voy a meter mucho más notas críticas, voy a corregir algunos errores de traducción que ya vi. Y es lo que presento. Tiene un enorme éxito esta edición, la cual si se podía anunciar como edición crítica porque sí existe el manuscrito original; además estoy comparando la edición de 1905 con la de 1920. Mientras tanto, estoy avanzando en la investigación sobre el texto de la polémica de los cien años.  Cuando iba por la página 200, dije: no, ya me pasé. Hago un esfuerzo de síntesis para que quede una introducción adecuada. Sigo avanzando en esto, lo presento en seminarios, en diversas partes. Entonces Andrés Lira, Presidente del Colmex, le pide a Consuelo Sáizar entonces directora del Fondo, que si me podían publicar el avance que llevaba de eso. Qué bueno que no lo hicieron porque después lo pude complementar mucho mejor. También le dice que si había tenido tanto éxito la edición crítica de La ética protestante, entonces por qué no hacía la de la obra grande del Fondo, la de Economía y sociedad. Ella dijo que sí pero no me volvieron a buscar, no se firmo contrato. Empecé a trabajar por mi cuenta pero en los ratos libres porque no había nada. 
     Para los 75 años del Fondo, Martí Soler que para entonces era el gerente editorial del Fondo, con Joaquín Diez-Canedo, me manda a decir que proyecto está pendiente. Queremos que saques una nueva edición de La ética protestante, pero también queremos que saques una nueva edición de Economía y sociedad. Muy bien, pues aquí está lo de La ética protestante, que se tardó dos años y para lo de Economía y sociedad firmamos contrato. Se firmó el contrato, hubo una serie de problemas respecto a cómo se iba a editar, la querían sacar para los 75 años, todavía le faltaban varios detalles más a la obra, y hubo por ahí un problema por divergencias que tuvimos con respecto a la corrección técnica, es decir, qué tanto se tenía que modificar la traducción de Medina Echavarría y qué tanto no. Defendiendo la posición de que era una traducción rescatable, entro en desacuerdo con otros que querían modificarla mucho más, y yo digo: si se modifica mucho más, ya no vamos a poder decir que esta es la traducción de Medina, ya no vamos a poder decir que la traducción del Fondo es la primera que se hizo a cualquier otro idioma; hacer una traducción de ese tamaño no lo puede hacer una sola persona, ni Medina pudo, tuvo que buscar un equipo de traductores; yo puedo decir que la rescato: la saco de donde está, le corrijo las erratas, retraduzco los párrafos donde hay omisiones, vuelvo homogénea la terminología, le meto la cabeza conceptual correcta, que es la que va a permitir homogeneizar todos los términos por la sugerencia que me había hecho Schluchter, revisamos los índices onomásticos y analíticos, meto una traducción de nuevos apéndices. 
Martí Soler me decía que estaba muy bien, a diferencia de lo que había ocurrido con Consuelo Sáizar, “preséntamelo por escrito”, dijo. ¿Por qué? Martí llegaba con mis escritos al comité editorial del Fondo y los discutía. Ahí estaba Gina Zabludovsky, por eso tenía mucha información de lo que estaba pasando. Gina me decía: con todo y que había ciertas resistencias de otros miembros del comité de por qué darle nada más a una persona, que sea un equipo. Y Martí Soler decía: pues a ver qué equipo me presenta un proyecto tan detallado como esto, quién sabía que no tenía la cabeza conceptual correcta. Entonces Martí Soler me dijo que ya no hubo objeción: “te quedas con todo a pesar de que alguien puso cara”, y firmarás un contrato diferente al de La ética protestante, donde me pagaron en una sola emisión las dos ocasiones, a cambio de que le vendía todos los derechos al Fondo (sobre esto ya no puedes reclamar nada si hacemos reimpresiones, etcétera). Martí Soler me dijo que con Economía y sociedad no haríamos lo mismo. Te vamos a firmar un contrato donde vas a tener regalías; o sea, todas las regalías del Fondo en lugar de pagárselas como lo hicieron durante años a Winckelmann, o cómo se las tuvieron que pagar a Marianne: lo menciono Laura Moya en la presentación de junio pasado que su pago fue en especie, en comida, pues cuando terminó la guerra Marianne dice “está traducido Economía y sociedad al español”, entonces escribe al Fondo y dice “oigan, esos derechos son míos”. Cosío Villegas responde:  “a ver”. Existía un antecedente, Marianne Weber reclamó los derechos porque Alfred Weber sí tenía un acuerdo de derechos con el Fondo, que lo había hecho antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, y al momento en que termina la guerra Cosío Villegas le escribe a Alfred Weber preguntándole cómo le vamos a pagar sus regalías. Ahí si había contrato. Alfred Weber le dice: no quiero dinero, quiero comida, no hay qué comer aquí; bueno, ¿pues qué quiere de comida? Entonces, empiezan a hacer una lista, se los mandan a Alfred Weber, Marianne, la cuñada dice: ¿cómo? “Pues los mexicanos me los están mandando por Historia de la cultura. Pero está traducido Economía y sociedad de Weber. Entonces ella escribe: oigan, a mí también. Por supuesto que no se le podía decir que no cuando dice lo mismo: no quiero dinero, quiero comida. Además, a diferencia de Alfred que le mandaron lo que el Fondo pensó era lo adecuado, Marianne Weber dijo: yo quiero carne de tal, hígado de tal, leche en polvo, chocolate, todo eso. La lista de cosas que necesitaba para comer. Y después, a Martin Heidegger también a principios de los años cincuenta. Ahí ya se le ocurre a Cosío Villegas por la experiencia que tenía. Cuando Gaos hace la traducción de Ser y tiempo le escriben a Heidegger y le proponen: si usted quiere, le podemos mandar las regalías en comida. Eso lo menciono Laura Moya en la presentación. Al terminar la guerra, Alemania tenía un problema de hambre, y Estados Unidos tenía una especie de loncheras pero no les gustaba a los alemanes. Cuando le llegó a Alfred Weber su paquete resulto que era de delicatesen, de lujo todo lo que se había enviado de México. Por eso van a decir: primero Marianne, luego algo a Jaspers y finalmente Heidegger, quien no podía dar clases, estaba vetado. Él todavía estaba más necesitado de la comida. Además, en ese caso fue generoso porque no le mandaron sólo una vez, sino periódicamente. Ahí, el doctor Gaos decía: oigan, la comida de Heidegger. 
      Así como a Marianne Weber primero se le pago en comida; a Winckelmann después, cuando hice La ética protestante, la primera edición es de 2003, me dijo Lucy Segovia: oye, no podríamos quitarle la introducción de Winckelmann a Economía y sociedad, tú escribes una introducción y así ya no le pagamos nada a Winckelmann; entonces le dije que no, el punto no era eso, sino todo el orden de textos. Tendría que hacerse de una manera totalmente nueva. Le siguieron pagando a los sucesores de Winckelmann un tiempo, pero ya era menos, creo que cuando llego Joaquín Diez Canedo, él dice: bueno, esto ya es un abuso, es una obra del orden común, además la edición de Winckelmann cumplió en el 2006, sus cincuenta años, que es lo que por ley se tenía que pagar. Creo que sacaban la edición cada dos años. Sacaron una en 2006, una en 2009, y la última en 2012. Esas tres ya no pagaron nada. Simplemente la publicaron quitando la introducción de Winckelmann, sólo presentándola con los prólogos de Marianne. Ya para la mía, lo que se hace es, dice Martí Soler, “tú vas a ser el equivalente del primer y segundo editor, lo que se le pagaba a Marianne y lo que se le pagaba a Winckelmann, ahora te lo pagamos a ti. Te vamos a pagar regalías. Los derechos son del Fondo, pero tu tienes derecho a que si se hacen reimpresiones de esta obra te vamos a estar mandando las regalías”. En fin, también hay que decir que fue Carreño Carlón quien llego al Fondo y sacó lo que estaba atorado. 


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